LO MARAVILLOSO DE IR A REÑACA EN BICICLETA
Recta salinas, 16:00 hrs, comienza a sonar billy jeans, automáticamente doy toda la potencia a mi sistema de audio, me despeino, acomodo los lentes, me miro de reojo en el retrovisor, ahora siento completamente Cool, intento cantar, agito la cabeza de un lado a otro, sin duda bailo en el asiento. Bruscamente el vehículo que esta delante de mí frena, abruptamente debo frenar; saltaron los lentes, bajé el volumen de la radio.
Un romántico taco hacia cada vez mas tarde mi llegada a Reñaca, el calor comienza a desesperarme, con furia veo pasar a muchos cadetes corriendo, que hace bastante ya los había dejado a tras, los semáforos burlones cambian de color y yo no puedo despegar de la primera velocidad. Nadie, ningún vendedor, se aparecía ofreciendo la tan preciada y bendita agua mineral congelada, que hasta en los recovecos menos estivales de Santiago se ofrece por un alcanzable precio.
Frente al balneario, impetuoso e inmisericorde está el semáforo, que como un niño mimado queriendo llamar la atención, causa el atochamiento,. Para mi espectacular suerte, me enfrento a el. Yo acelerando muy cauteloso, y el indeciso cambiando a luz amarilla, piso a fondo, pero autoritariamente y sin tapujos, me muestra su roja y negadora faceta. ¿freno?, ¿alcanzo a pasar? ¿alcanzo a detenerme? ¿acelero, total la primera ley de newton está a mi favor? ¿salto del auto en movimiento?. Seguí venturoso, para que a la altura de la virgen negra, los aliados del semáforo, cobraran venganza.
Todo el ritual de identificación, cayó sobre mi, ¿como explicarle a la hermosa carabinera mi afrenta con aquel frio e indiferente semáforo?, inexplicablemente dije las palabras precisas. “el semáforo me desafió, en su amarillenta ironía. Solo quería llegar a Reñaca antes que el sol cambiara su tibio calor. PERDÓNEME, PERDÓNEME PORFAVOR...NUNCA MAS VOLVERE A INTENTAR PASAR CON LUZ AMARILLA DUDOSA, SOY ESTUDIANTE, NO TENDRÉ COMO PAGAR, EL AUTO LO SAQUE SIN PERMISO, SI ME SACA UN PARTE, NUNCA MAS VOLVERE A MANEJAR..... OFICIAL!! PERDONEMEEEEEEEEEEEEEE”. La oficial, me mira, me entrega los documentos, diciéndome “límpiese los ojos antes de llegar a la playa”, mi ojos vidrioso la conmovieron. “solo por esta vez no le cursare una infracción, pero no habrá segundas oportunidades”.
Soltando el nudo en garganta, vuelvo al volante. Asi temeroso, llego por fin a Reñaca, y como por gracia de Dios, un estacionamiento esperaba por mí, el cuidador se acerca y me dice, “!socio!, me tengo que ir ahora, paseme quinientos y se queda todo lo que quiera!!”. Reñaca era toda mia. Un team de chicas, se detienen frente a mi auto a descansar, no había viento, como soldados caídos, había un batallón de mujeres tiradas en la arena, adormiladas por el calor, las olas no muy grandes, no muy chicas, hacían revolucionar a los bañistas, soltando tops de bikinis, bajando bañadores, por donde mirara, solo exquisita distracción y relajo.
A lo lejos se escuchaba bob marley, ¡solo me faltaba un coco para estar en jamaica!, de pronto comprendo todo, algo muy malo estaba por ocurrirme, rápidamente corro al auto, busco la llave en mis bolsillos, obviamente no estaban, recordé súbitamente el instante en que saque las cosas del maletero y dejé las llaves adentro.
Rápidamente imagine formas de cómo abrir un maletero, ¿con alambres?, archi utilizado, pero posiblemente efectivo, ¿con un tenedor? Innovador, pero poco probable, ¿con una sierra? Extremo, bullicioso y en relación costo-eficiencia, no viable, ¿un hacha? Muy vintage, pero estiloso, ¿bomberos? Muy afeminado, ¿papá? Imposible. Comencé así a buscar por todos los sectores de Reñaca un alambre competente, en los roquerios si uno busca bien puede encontrar lo que necesite, y avergonzado digo “LO QUE NECESITE”. Empecé la maniobra de abrir el maletero, solo al intentar penetrar la cerradura, empaticamente el sonido de la alarma del auto, me decoró la misión, dejó de escucharse el agradable sonsonete de Bob marley, las mujeres adormiladas buscaban con mirada furiosa al dueño del molestoso auto, los machos alfas se jactaban de mi, los cuidadores se acercaron, y aprovecharon de cobrarme, los ancianos me miraban de reojo, tras unos minutos de escabrosa bulla una circunferencia de ojos esperaba atento que por fin sacara las llaves, hasta que sin pedirlo ni espéralo, llegó la oficial que me había atendido anteriormente. Se baja de la moto y se acerca, pregunta -¿qué paso?, antes de que yo pudiera responder, una señora con un expresivo ademán dice – ¡se le quedaron las llaves adentroooooooo!, la oficial se ríe por unos segundos, se acerca y dice a toda voz, “!eso le pasa por sacar el auto sin permiso y andar tan apurado!” ...!voy a tener que llamar al dueño del auto, antes de que rompa la cerradura!.
Desde entonces utilizo, promuevo y amo las bicicletas.
1 comentario:
jajajajajajaajjaajajaj!!! puuuuta, si la historia es verdadera, me saco el gorro y me cago de la risa jajajajajaja... buena historia negro...
un beso
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