miércoles, 24 de octubre de 2007

El divino arte de complicar las cosas

Para comprender el porqué de complicar las cosas, es necesario comprender que todo lo que nos acontece es muy simple de comprender, y cuando la simplicidad nos causa una vacía sensación de ridiculez, es preciso complicar las cosas.

El arte de complicar las cosas, en mi nació desde el terremoto del 85’, si bien es cierto tengo 25 años, mi cerebro tomo la conciencia del mundo que existe a la triste edad de 3 años, por lo que podría decir que conozco este mundo hace 22 años.

Por que el terremoto

Recuerdo como si fuera exactamente ayer ese episodio, en ese tiempo mi padre trabaja en la base naval de la quinta normal, en santiago. Yo con dos amigos mas jugábamos en una pequeña plazoleta, con una antena mecano de mediana estatura en el centro.
Nuestro juego era subir un par de fierros y saltar al vació, sin duda que para nuestra edad un par de centímetros eran casi como metros. El día estaba nublado y las nubes oscuras cubrían santiago. Al final de la plaza existía un damasco grande, donde una par de señoras conversaba. Todos habíamos saltado un par de veces, pero yo decidí subir mas alto para saltar , mis pequeños amigos, concientisados por sus padres, me obligaban a no hacerlo con la excusa, que me daría la corriente, yo sin duda no le tenia miedo a la corriente, temor sentí cuando unos de ellos amenazó con acusarme a mi papá. Supere mi temor y subí, cerré los ojos y salte, recuerdo pegarme con las rodillas en la boca y sentir un fuerte pito en los oídos, al abrir los ojos, veo a mis amigos llorando y corriendo hacia las señoras del damasco. Algo sentí que hice mal, de pronto al mirar hacia la calle, veo como culebreaba el asfalto y las grandes palmas que decoraban la avenida, aplaudían, corrí también hacia el damasco y me aferre a la pierna de una señora embarazada, los pastelones de los muros caían, y lo mas increíble, vi como llovían damascos verdes.

La antena calló sobre mi casa, la muralla de la habitación de mi hermano se derrumbo sobre su cama. La pierna de la señora la peñisque de tal manera que un gran moretón le quedo.

Sin duda no debí saltar de tan alto.


Sin duda ese es el divino de complicar las cosas, desobedecer, hacer lo que uno quiere y provocar uno de los terremotos mas grande del país.

Pero para que no suene, como texto de Cohelo, puedo explayerme más.

Actualmente los acontecimientos, como vertiente magnifica del azar, parecer carentes de sentido y simples de nacimiento.
Pero si complicamos el asunto, nuestro cerebro ejercitará y las neuronas saldrían de la inercia.

Yo complicando las cosas he hecho un estilo de vida, y sin duda que poéticamente he enriquecido mi mundo, que al fin y al cabo es creado por mi.

Recuerdo un episodio en el que con un compañero, decidimos ir de pesca al valle del elqui, en esa ocasión residía en Coquimbo, llegamos a “Pisco Elqui”, un pequeño pueblito antes de que deje de existir la humanidad, en el interior de la IV región.
Los buses por la fecha del año que fuimos, principios de noviembre, eran escasos.
En fin, toda la tarde recorriendo el hilo de agua de río que existía, para pescar una pequeña trucha. Para cuando el sol desaparece, decidimos irnos. Caminamos por la plaza y yo con ganas de orinar, buscó un árbol que me acomode y libero mi tensión,
Mi compañero me esperaba sentado en el borde de la pileta que hermoseaba la plazoleta, corriendo llego hacia él, pero mis ojos se fijan en las gigantes y torpes carpas japonesas que flotaban en la pileta. Sin pensarlo tomo la caña y comienzo a intentan pinchar una. La oscuridad se apodero del lugar y los dos idiotas intentando pescar, se dan por vencidos. Caminando hacia la estación de los buses, yo enciendo un cigarro, de pronto una camioneta a toda velocidad nos intercepta. Carabineros. Con mi cigarrito encendido me veo esposado y arrodillado.
Golpes, insultos, y los protocolos de los uniformados nos tocó conocer.
Luego de unas frases, el giro de la detención se torno cómico. Comprendimos que unas ancianas, habían denunciado que un par de jóvenes estaban mostrándoles los genitales las personas que pasaban, y luego intentaban pescar los peces de la pileta.
Nuestra versión el teniente Schifferly, la comprendió, la de unos inocentes estudiantes de acuicultura, que buscaban truchas para muestreo, sin lugar donde orinar.

Muy amigos nos liberan de la comisería, con risa, nos sentamos a esperar el bus, a la primera hora de espera, descubrimos que nunca pasaría el bus. Volvimos a la comiseria, el teniente muy amable nos va a dejar al otro pueblo, donde al cabo de unas 4 horas una camioneta que iba hacia vicuña, nos llevó. Luego de vicuña caminamos, para que el frío no se apoderara de nosotros hasta que el sol apareció.

eso sin duda, es complicar las cosas.

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